domingo, 21 de febrero de 2010

Cuando estás lejos de casa

Cuando estás lejos de casa hay muchas cosas, materiales y no tanto, que echas de menos. No voy a empezar a enumerar una lista, sería absurdo, y además no creo que existiera una única lista, eso sí que sería absurdo.
En los tiempos modernos que nos han tocado vivir, el ordenador portátil y los discos duros externos de gran capacidad (multimedia o no) junto con una conexión a Internet (de alta velocidad o no) mejoran notablemente todas estas carencias.
Ahora bien, cuando no se tiene Internet, no se tienen las comodidades del mundo desarrollado y encima has cambiado tu HD externo por un Ipod (o similar) de 120 Gb porque eres un enamorado de la música (en mi caso no comercial) y prefieres tener la música en el reproductor en vez de en el ordenador, ese Ipod es una pertenencia que tiene un valor incalculable, tanto material como emocional. Porque en ese aparato no solo hay música, también están las listas que un día decidiste hacer para una fiesta o aquellas que se fueron haciendo durante el transcurso de días que seguro son memorables.
Son momentos, vivencias que recuerdas cuando las miras y ves las canciones, y sonríes cuando te viene a la memoria el batacazo que pegaste mientras hacías el burro escuchando “A place tu bury strangers” o medio dormido en un butacón escuchando “happy song for happy people” y diciendo, mientras giras la cabeza y afirmas: ”sí, sí, un disco menor”.
Pues todo esto ha desaparecido de mi subconsciente ipódico. Todo se fue cuando, atontado por los analgésicos (tomados por prescripción facultativa) dije que sí a sincronizar. A sincronizar qué… ¡¡¡SI NO TENGO MÚSICA EN EL PC!!!
“NO TIENES MUSICA EN EL IPOD” me dijo, sin corazón, como si todo lo que hemos sufrido, porque él ha sufrido como yo, no hubiera servido de nada. No me lo podía creer “No tienes música en el Ipod”.
Primero la negación (con algo de ira), después me invadió la ira (la ira de la negación seguía por ahí), seguido de la aceptación (por supuesto con ira) y más tarde la depresión, la negociación y el intento de solución. Todo regado con una dosis de ira unas veces y pena otras.
Pero el mundo donde vivimos es cruel y la providencia una mala pécora con pinta de salvadora, y si mi sufrimiento era grande, tan grande como mi perdida, el hecho de que en el único canal de televisión durante los dos días posteriores a la catástrofe pusieran, en un bucle endiablado, bíblico, sin principio ni fin, las películas Greese uno y Greese dos, respectivamente, solo confirma la excesiva crueldad del castigo que estaba recibiendo.
Ahora toda va por el buen camino, las aguas vuelven a su cauce. Yo a miles de kilómetros de España he tenido mi Guadalete particular. Pero estoy bien, me repondré y prometo que jamás volveré a sincronizar mi ipod.




PD.- Basado en un hecho real, como la vida misma. Incluso lo de Greese.

2 comentarios:

Jorge dijo...

Qué canto a las bondades del Ipod... ¿has pensado en enviarle el curriculum a Steve Jobs, ese home?
Te pego enlace para ver unas letras que podrás aprenderte y cantarnos a tu regreso...

http://www.musica.com/letras.asp?letras=6477

P.S.: Sorry, tiene que ser una grandísima putada

elotro dijo...

si me das una dirección te envío un dvd lleno de música hasta los topes....pero de buena música, no de esa que escuchas tú.